La conmovedora historia de Adriana Masciotra (DMPE 2003) y su marido, Juan Rodríguez, para ser padres

Desde que Adriana Masciotra, de 49 años, y su marido Juan Rodríguez, de 52, decidieron agrandar la familia supieron que el proceso sería largo. Sin embargo, no imaginaron que pasarían siete años luchando con el Registro Unico de Adopción. Tras una larga espera y varios imprevistos conocieron a Omar, ahora de 16 años, dos años atrás. El caso de adopción de la familia Rodríguez adquirió particular trascendencia por haber adoptado a un chico en plena adolescencia. Adriana, exalumna del IAE del DPME 2003, cuenta aquí su historia para llegar a ser madre.

“El silencio en esos años es muy gráfico porque el silencio para nosotros es también el silencio para los chicos”, dice Adriana, mientras recuerda que cada vez que ingresaba a un hogar las miradas ilusionadas de los pequeños la movilizaban. “Lo que me hacía muy mal era que a nosotros se nos pasaba el tiempo pero del otro lado seguramente había un chico a quien  también se le pasaban los siete años. Ellos tienen mucha ilusión, también hay gente que al principio quiere adoptar y luego no, porque no es fácil, pero eso también es tremendo”.

Cuenta así que, desde que apareció Omar, el proceso fue más rápido, pero lo dificultoso fue llegar hasta ese momento. Siete años es el promedio que los aspirantes a ser padres adoptivos deben estar dispuestos a esperar.

La Alumni dice que, por lo general, muchos se anotan para adoptar a niños recién nacidos o muy pequeños, y que en la realidad, esas adopciones no suelen abundar. Al principio, ellos también fueron por ese camino, pero con el paso del tiempo, la pareja estiró el marco de edad. “Hay mucha gente que no sabe todas estas cosas y cree que todos los chicos tienen siete meses”, agrega.

En medio de la espera los Rodríguez también decidieron que estaban dispuestos a adoptar grupos de hermanos y lo dieron a conocer en el Registro. Sin embargo, un olvido de parte de una funcionaria complicó la situación. “La persona que nos tomó la entrevista se olvidó de anotarlo, entonces en el Registro nosotros no aparecíamos con la opción de adoptar hermanos. Por ende si en ese momento se presentó la oportunidad en algún punto de la Argentina de adoptar hermanitos el sistema no nos tenía en cuenta”.  Esa y otras complicaciones les generaban frustración. “Cada vez que íbamos y hablábamos y estabamos abiertos a un montón de cosas veíamos inacción, o no tenían recursos, no lo sé. Sé que intentan hacer lo mejor pero hay veces que no pasa por el presupuesto o la falta de presupuesto”, señala.

El proceso de vinculación para conocer a Omar se inició dos años atrás. Fueron al hogar donde él vivía y comenzaron a realizar salidas cortas para empezar a vincularse. “Después de una semana de ir al hogar te autorizan a salir con él a la calle y a hacer salidas cortas como ir a tomar el té. Luego te autorizan a pasar el día y después el día más la noche, pero Omar siempre debía volver al hogar, donde dormía”.

Tras un tiempo de vinculación se dio la posibilidad de que “Omi”, como le dicen, pasara una noche en la casa de los Rodríguez. “Es muy significativo eso. Teníamos un cuarto preparado para él desde el día 1 y él ya sabía que ese era su cuarto. La estética de la habitación ya era súper masculina. El es un amor y fue siempre muy cauteloso, nos miraba y nos decía: ‘Si todo sale bien entonces acá quisiera poner tal cuadro’. Siempre fue muy cauteloso, iba respetando todos los procesos. Yo creo que también tenía que ver con no ilusionarse por si algo salía mal”, cuenta Adriana.

Esa primera noche todo salió como lo esperado. Se quedó una noche más y así sucesivamente. “En nuestra vinculación sucedió que él ya pasaba el fin de semana con nosotros y de hecho empezó a jugar al rugby estando todavía en el hogar. Ahí se quedaba todo el fin de semana con nosotros y el lunes volvía al hogar, lo veíamos a la salida de la escuela”.

Tras varios fines de semana juntos llegaron las vacaciones de invierno, julio de 2017. Sería la prueba piloto para una estadía más larga en el departamento de Belgrano. “Nunca más se fue”, dice Adriana. Ahí Omar comenzó a vivir con ellos y a ser uno más de la familia. Cuando terminó la feria judicial, Adriana, que es abogada, comenzó a tramitar la guardia preadoptiva. “Vinieron las vacaciones de verano, se terminó la guardia preadoptiva y comenzamos el juicio de adopción, que lo hice yo. Lo cambiamos de colegio y ya ahí es otra cosa porque pasas a ser su tutor hasta que sale la sentencia, que salió el año pasado”, añade con emoción.Omar se fue de gira con sus compañeros de rugby, así conoció el mar y varias provincias de la Argentina. Sueña con ser kinesiólogo y, para Adriana y Juan, “es el rey de la casa”.

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