Por Julián I. Irigoin*

Elijo trabajar contigo si lo que me ofreces es más valioso que mi tiempo y mi esfuerzo. ¿Valioso? Sí, para mí.

Tienes una familia modelo. Eres profesional y diriges tu propia empresa. Tu mujer trabaja, pero también mantiene el calor del hogar y entre los dos educan y forman a sus dos hijos. A todos les encantan las mascotas. Por eso tienen dos perros, un gato, una tortuga y en el cuarto de tus hijos, una pecera con pececitos. Hoy te tocó hacer las compras y estás en el supermercado. Y decides comprar pescado y arroz para cocinar tú mismo esa noche. ¿Para quienes? Para todos. Y te encuentras feliz con tu aporte, ya que es tu comida preferida.

Sin embargo, a la hora de sentarse a la mesa, cuando esperabas solo felicitaciones, has tenido que soportar algunos reproches. Todavía que te encargas y das lo mejor de ti. Reproches.

Tu mujer, cariñosamente, te mira como diciendo ¿hace cuánto que sabes que Olivia odia el arroz y Agustín le huye a los pescados? Los perros te miran con disgusto y su plato casi lleno. El gato hoy te ama, pero no sabe cómo decírtelo. La tortuga aún no se enteró y los peces parecen resignados. Solo tu novia eterna, que se acostumbró a tu plato preferido, disfrutará en parte de tu elección.

Al día siguiente, en tu trabajo, tienes la posibilidad de poner en práctica el aprendizaje familiar, si es que algo has aprendido.

No es una moda hablar del talento. Es una necesidad. El talento de los diseñadores de Apple, de los responsables de Servicio al Cliente de Disney, o los operarios en Toyota hacen la diferencia. La simpatía del mozo en el bar donde siempre tomas un café o la experiencia y serenidad de tu médica de cabecera también. Tener gente que sepa hacer bien su trabajo y quiera hacerlo, hace una gran diferencia en tu empresa. Por lo tanto, sabes que necesitas atraer a aquellos, elegirlos, pero también hacer que te elijan para trabajar contigo y una vez que ingresan, que quieran quedarse, comprometidos y puedas así retenerlos. Es el momento de pensar en tu Propuesta de Valor al Empleado (PVE). Y lo primero que viene a tu mente es el pescado de ayer.

La PVE es lo que tú ofreces como empleador para atraer, retener y mantener comprometido al talento que necesites, sea cual fuere.

Tu PVE no debe ser consecuencia de los vientos alisios que decidieron por ti. Debe ser algo pensado, discutido, implementado y comunicado. Para ello van algunas consideraciones:

  • Definir qué tipo de capacidades necesitas para implementar tu estrategia.
    • Como organización: ¿Qué debemos saber hacer? ¿Qué habilidades nos requiere la estrategia? ¿Qué comportamientos organizacionales nos acercan al éxito? ¿Velocidad de respuesta? ¿Entendimiento del cliente? ¿Innovación? ¿Flexibilidad?
    • Personas: ¿Qué deben saber hacer – en su puesto? ¿Qué mentalidad deben tener? ¿Qué actitudes necesito? ¿Cuáles son las posiciones clave donde necesito a los mejores del mercado?
  • Reflexionar con tu equipo de dirección sobre los aspectos culturales: ¿Cómo hacemos las cosas aquí? La cultura de tu empresa debe ir en línea con la generación de las capacidades que has definido como estratégicas. Puedes preguntarte si tus sistemas de incentivos y de recursos humanos (selección, capacitación, desarrollo) están alineados con esa cultura que necesitas.
    • ¿Cuándo selecciono, chequeo esas capacidades? ¿Capacito en las necesidades organizacionales? ¿Promuevo por fidelidad, afinidad o capacidad? ¿Premio públicamente los comportamientos esperados? ¿El bonus solo se linkea a resultados económicos?
  • Saber que las personas nos movemos principalmente por tres tipos de motivaciones (Extrínsecas: ej. sueldo, beneficios; Intrínsecas: ej. aprendizaje, mayor empleabilidad y Trascendentes: ej. sentido de pertenencia y propósito)
    • Revisar que tu PVE contemple las tres motivaciones. Entender por qué las personas que están contigo se quedan. Entender por qué querrían entrar, y por qué no. Entender por qué se van los que se van y por qué no ingresan los que quisieras que lo hagan.
  • Saber que esas motivaciones no son iguales para las distintas poblaciones de empleados, ya sea a nivel generacional, cultural, tareas, geográfico, social, etc.
    • ¿Qué poblaciones tienes en la empresa? ¿Qué indicadores serían adecuados para medir su compromiso?

Lo más relevante es que te pongas a pensar, diseñar e implementar una PVE. Es un avance. Pero también podrías hacerlo mejor, comprendiendo que ya no es suficiente una propuesta única: “Mi propuesta de valor es que en mi empresa las personas aprenden.” Muy interesante, ¿pero suficiente?

Aprendiste en tu casa, que antes de hacer las compras deberías haber sabido qué le interesa a cada uno. No podrás hacer menús distintos para cada uno de tus empleados, pero sí deberás saber que no necesariamente lo que tu consideres valioso lo sea para un joven profesional, una ingeniera que está por jubilarse o una asistente administrativo. Debes pensar en las distintas poblaciones y ofrecer alternativas. Y no olvides que tu PVE debe ser revisada y monitoreada, sino será solo una lista de intenciones.

Elijo trabajar contigo si lo que me ofreces es más valioso que mi tiempo y mi esfuerzo. ¿Valioso para quién? Para mí.

*El autor es profesor Part Time del Área Académica Comportamiento Humano del IAE

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