La profesora y counselor, Clarina Pertiné, dio una conferencia sobre las emociones y cómo gestionarlas de manera constructiva, creativa y eficaz, para mejorar nuestra calidad de vida

El último encuentro del año del Ciclo de Familia fue uno de los que más convocatoria tuvo y se enfocó en un tema universal: las emociones.

Justamente, el objetivo del Ciclo de Familia “es tratar temáticas trascendentes, relacionadas con la familia y los valores, en sintonía con la misión del IAE de formar empresarios en todas las dimensiones humanas”, explicó Ana de la Torre, responsable de las actividades de extensión.

En este caso, el foco estuvo puesto en cómo aprender a gestionar las emociones de manera constructiva, para mejorar nuestra calidad de vida, profundizar los vínculos y desarrollarnos productivamente en todos los ámbitos.

“No hay emociones positivas o negativas”

A lo largo de su conferencia, Clarina Pertiné, counselor y profesora, extrajo varios conceptos del libro La sabiduría de las emociones de Norberto Levy. “Nos las presenta desde un lugar más flexible y amigable. Tendemos a considerarlas problemáticas, pero el problema no está en la emoción, sino que no sabemos descifrar qué nos quieren decir”, explicó.

Según Levy, las emociones son “refinadísimas señales de alerta que nos remiten a un problema”. No son ni positivas, ni negativas, sino funcionales o disfuncionales según cómo las gestionemos. “Así como no nos enojamos con el tablero de un auto, tampoco deberíamos hacerlo con las emociones. Es más, debemos agradecer que están ahí para remitirnos a un problema y guiarnos para resolverlo”, amplió. Ahondó en tres emociones claves: la culpa, el enojo y el miedo.

“Al miedo no hay que ‘eliminarlo’”

De acuerdo con la definición de Levy, el miedo es la “desproporción que existe entre lo que veo como una amenaza y los recursos con los que cuento para enfrentarla”. La clave será achicar la brecha entre esa amenaza y nuestros recursos, para que el miedo disminuya, señaló Clarina. “Ser valiente es generar los recursos necesarios para convertir esa amenaza en un desafío”.

¿Cómo es el circuito del miedo? Primero, registramos una amenaza y reaccionamos con un sentimiento (vergüenza, rabia, impotencia, humillación). Luego, respondemos a esa reacción. “La forma en que enfrente esas reacciones naturales ante el miedo, esa gestión, hará que el miedo se agrave o se atenúe”, indicó la experta.

Existen dos aspectos en todas las emociones. En este caso, un aspecto “temeroso” y otro “culpador”, que suele humillarnos. La forma en que dialoguen estos aspectos es fundamental para gestionar de manera eficaz la emoción.

“Todas las emociones tienen un propósito; su naturaleza es generar aprendizaje. El miedo quiere ayuda, no descalificaciones o burlas. Quiere expandir los desafíos y nuestra área de desarrollo, pero necesita la cooperación del aspecto culpador”, explicó Clarina. Que se lo reconozca y que se le propongan desafíos, sin imponerlos.

“Respetar el miedo no es consentirlo —aclaró—. Si nos quedáramos ahí no avanzaríamos en nuestra vida”. Tampoco significa que debamos “eliminarlo” o “vencerlo”: eso hace que a veces neguemos su existencia. Se trata, simplemente, de reconocerlo: “Entiendo cómo te sentís”.

El enojo que resuelve

“El enojo es una emoción muy sabia. Marca nuestro límite frente a determinadas situaciones. Tenemos un deseo y nuestra energía se dirige hacia su realización. De repente, aparece un obstáculo y se produce una sobrecarga energética en mi deseo y un correlato físico (ganas de pegar, violencia). Lo importante es cómo gestionamos esa sobrecarga”, expuso Clarina.


Suele haber dos caminos posibles: o el enojo se dirige hacia la resolución del problema o apunta a hacer daño. “Cuando hablamos de nuestro enojo con el otro, ya iniciamos la descarga. Es importante hacerlo en primera persona, sin atacar: ‘Lo que vos hiciste, me hizo sentir…’”. El próximo paso podría ser sugerir una propuesta. “El enojo que resuelve propone en vez de imponer o descalificar. Esa propuesta inicia el camino de la reparación”, explicó.

¿Qué recursos tenemos para calmarnos? La experta aconsejó esperar un ratito, porque “el enojo está diseñado para ser transitorio”. “Al igual que el resto de las emociones, tiene un pico y luego baja. Si sabemos esto podemos darnos cuenta de cuándo estamos en el pico y esperar”, concluyó.

La culpa que repara vs. la culpa que tortura

Como el miedo, esta otra emoción tiene dos aspectos: el culpador y el culpado. Funcionan como una unidad psicológica y no conviene aliarse con ninguno de los dos. Pero conocer esta unidad puede llevarnos a usarla a nuestro favor, afirmó Clarina.

El culpador es el guardián de la norma: nos “avisa” que el código de normas que nos rige ha sido transgredido. El culpado, en cambio, está dotado de impulso: hace lo que después genera el sentimiento de culpa. “La clave para gestionar la culpa está en la forma en que el culpador le avisa al culpado qué sucedió, sin insultos o críticas, sino de manera funcional. Así, el culpado y el culpador podrán revisar la norma, contextualizarla y flexibilizarla si hiciera falta. En cuanto la función de alguno de los dos es puesta en juego, aparece la amenaza”, describió la counselor.


“Llegamos al mundo condicionados, pero no determinados. Conocer nos da libertad para cambiar. Cuantos más recursos internos para gestionar las emociones y más autoconocimiento tenga, más libre voy a ser”, declaró Clarina hacia el final de su charla. “¡Gracias emociones por existir! Porque qué haríamos sin el tablero del auto…”.

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