El ingeniero informático Santiago Bermúdez Baglietto creó junto a un grupo de amigos Wolox, una empresa de software que se dedica a la transformación tecnológica de otras compañías; en 2018 facturó US$10,5 millones

Santiago Bermúdez Baglietto, de 30 años y EMBA 2017, es cofundador de Wolox, la empresa de software que se dedica a la transformación tecnológica de otras compañías. “Las ayudamos a subirse a la ola digital”, dice el ingeniero informático.

Estudió la carrera de grado en el ITBA donde desde temprano empezó a emprender. “Había una gen emprendedor en el mundo informático bastante instalado. Con un compañero de la facultad y otros dos amigos de otra universidad creamos una aplicación para reservar mesas en restaurantes”, cuenta.

“Ahí fue la primera experiencia fallida del emprendedorismo. Éramos un grupo chico, estábamos todos estudiando y empezaron a llegar un montón de aplicaciones parecidas. Pero me gustó mucho el ecosistema emprendedor, que en ese entonces era diminuto. Ahí tuve mi primer contacto con el IAE, cuando conocí a Silvia Torres Carbonell [directora ejecutiva del Centro de Entrepeneurship de la universidad]”, recuerda.

En 2011, luego de hacer la carrera en solo 4 años y medio, ya estaba recibido y comenzó de nuevo a emprender. “Con seis compañeros de distintas camadas fundamos Wolox. En ese momento decidimos establecer por escrito el propósito de la compañía, el motivo por el cual la estábamos fundando y el rol de cada uno de nosotros. Eso después tiene infinito sentido en momentos de crisis”, aconseja.

“Creamos la empresa con el fin de generar puestos de trabajo en la Argentina. Nos dedicamos a ayudar emprendedores en tecnología. Generar una startup es uno de los grandes movilizadores de empleo. La industria de la informática y del desarrollo de software es la que tiene el mayor crecimiento de generación de empleo”, agrega.

Pero la empresa creció más rápido de lo esperado y no solo ayudaron a startups, sino que comenzaron a brindar sus servicios a muchas compañías ya consolidadas de América Latina.

“Nos dedicamos a la transformación digital en grandes compañía latinoamericanas y en compañías medianas estadounidense. Las ayudamos en su plan de digitalización de sus negocios y de sus procesos. El cambio cultural hace necesario incluir el mundo IT dentro e la compañía y no aislarlo como era un tiempo atrás en las grandes empresas. Las acompañamos desde el lugar de desarrollo de software y después les desarrollamos los productos que les recomendamos hacer. En concreto, ayudamos a sacar a las empresas del offline”, resume.

La compañía tampoco descuidó su misión de generar trabajo y hace cinco años se dedica a ayudar a poblaciones vulnerables a educarse en la tecnología. “Es una inserción simple. Generamos contenido de educación en tecnología para fundaciones y para el Ministerio de Educación”, dice Santiago.

“Desde el año pasado empezamos a tener nuestro propio programa: empleamos a 22 chicos que viven en situación de vulnerabilidad para educarlos en testing de aplicaciones; es decir, prueban aplicaciones del celular. La convocatoria la hacemos con una fundación. Vamos a colegios que están en los asentamientos y les hablamos del programa. A los que les interesa los convocamos a una reunión. Tienen que hacer una demostración fuerte de interés, porque a veces es difícil la continuidad de los chicos”.

Hace poco también lanzaron otro programa que se llama Plan Azurduy, apuntado para madres solteras. “La informática permite que puedan tener un trabajo con flexibilidad horaria para cuidar a sus chicos”, señala.

Wolox actualmente emplea a 325 personas de cinco países (Argentina, Chile, Colombia, México y Estados Unidos) y esperan ampliar las fronteras a Canadá, Perú y Panamá. El año pasado, la compañía facturó US$10,5 millones, de los cuales el 50% fue producto del mercado de América Latina sin contar la Argentina; 20%, el mercado doméstico, y 30%, Estados Unidos.

“Lo fructífero del EMBA fue aprender de todos mis compañeros en el aula. La experiencia de cada uno de los participantes fue maravilloso. A los 23 años era fácil llevar una empresa de 7 personas, pero no era lo mismo lo que tenía que conocer para llevar una empresa de 300. Aprendí mucho del mundo de los negocios, que en la carrera de informática no se ve, y me llevé muchos contactos de gente que hoy me ayuda. Son mis mentores en los distintos ámbitos. Hoy trabajo con cinco personas que conocí en el máster, como, por ejemplo, el director de legales de la empresa”, concluye.

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