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“Para emprender siempre hay que arriesgar”

A sus 74 años, Ruth Giordani, emprendedora agropecuaria, dice que tiene ganas de seguir apostando a nuevos proyectos.

“Dios puso a estos cerros bajo nuestra mochila”, pensó hace 40 años Ruth Giordani cuando compró con su marido 700 hectáreas en el nordeste de la provincia de Corrientes, cerca de la ciudad de La Cruz.
Se refería a Los Tres Cerros, un pequeño conjunto serrano-rocoso que se destaca en esa provincia eminentemente llana. En ese momento Ruth y su marido comenzaron con un proyecto ganadero. Había mucho por hacer, pero no se imaginaban todo lo que vendría después.
Hoy Ruth tiene 74 años y se define como una emprendedora agropecuaria. Además de continuar con la ganadería, con su empresa, Forestadora S.A, se dedica desde 1995 a la forestación y en agosto pasado pudo crear, con la ayuda de científicos del Conicet y de la Universidad Nacional del Nordeste, una reserva ecológica en la zona.
La alumni confiesa que el DPME que realizó en el IAE en 1998 le despertó aún más su espíritu emprendedor y le dio ganas de innovar. Su próximo paso será fomentar el ecoturismo en la zona, que está cerca de los Esteros del Iberá y de la ruta jesuítica.
“Lo que más me interesa es darle trabajo a la gente”, confiesa Ruth y sostiene que “para emprender siempre hay que arriesgar”.

-¿Cómo se formó Forestadora S.A?
Es una larga historia. En 1982 buscamos con mi marido una consignataria del mercado de Liniers y así conocimos el norte y realmente nos enamoramos de la zona y la gente. Empezamos con 700 hectáreas y hoy tenemos 6000 en un solo bloque en Los Cerros. Además de la gente, nos enamoró que se podía hacer de todo. Ahora pienso en una agricultura sostenible. Lo que pasa es que hay que buscar gente que se entusiasme en el futuro y que sea comprometida. Veo que falta compromiso de los directivos. Les cuesta mucho ir a La Cruz, Corrientes, a 826 kilómetros de Buenos Aires. Para mí es un placer.

“A mis 74 años empecé con un nuevo emprendimiento que es gestionar y administrar una reserva natural privada”

-¿Qué tipos de actividades realizan?
A fines de los ochenta empezamos con la consignataria: vimos que era muy fácil comprar hacienda, engordarla y llevarla al Mercado de Liniers. Después, por problemas socioeconómicos y culturales, se cortó eso. Empezamos a hacer otro tipo de ganadería: somos criadores de la raza Bradford. Es decir vendemos la cría y nos quedamos con la hembra. Hoy tenemos 6000 cabezas de hacienda. En paralelo, además, realizamos la forestación de pinos elliottis (súper resinosos). En total tenemos 1500 hectáreas forestadas. Extraemos, también, la miera (resina) de los árboles. Este año se están haciendo 300 hectáreas de resina para exportar. Con el gobierno anterior no se pudo hacer nada, estamos atrasados con eso, pero este año empezamos cosechar. También tuvimos una arrocera de 1998 al 2007, pero la vendí por problemas societarios. Por suerte en ese momento pude hacer una toma de ganancia y cancelar todos los créditos que tenía. La vendí muy bien, sin ningún pasivo y a un socio que estaba en La Cruz para poder garantizar el trabajo a todo el personal. Eso es lo que más me interesaba, porque lo más importante para mí es el capital humano.

-¿Por qué quedaste a cargo del proyecto?
Me hice cargo del proyecto en 2004, cuando enfermó mi esposo y su socio, que eran los que ejecutaban la arrocera. Ahora les estoy pidiendo a mis hijos –tengo cinco– que se integren a los proyectos, pero cuesta mucho porque cada uno trabaja en distintos actividades. Por ahora sólo uno, Agustín, trabaja conmigo. En estas estructuras tan chicas uno tiene que hacer de todo. Un día soy cadeta, otro soy presidenta, gerenta: lo que venga. Lo importante es actuar en el momento. No podés esperar para mañana si tenés que mandar un mail. Viajo además al campo cuando me necesitan. El tema es que además tengo un campo en el sur de Córdoba y un pool de arándanos.

-¿De dónde sacás energía para realizar tantas cosas?
Los correntinos son lo más maravilloso que hay y el capital humano es lo que me da ganas de seguir luchando. Ahora, a mis 74 años, empecé con un nuevo emprendimiento que es gestionar y administrar la reserva natural privada Paraje Tres Cerros. Es como si se cerrara todo el ciclo. Estoy entusiasmada con el tema de la reserva, que surgió como una necesidad que veía en el pueblo. Uno piensa: “¿Cómo puede ser que de golpe surgiera todo esto?”. El tema es que estaba, pero no se veía.

-¿Qué es lo que te motiva?
Quizás no ganar tanto dinero, pero sí dar trabajo a la gente. Eso es lo que me interesa y me sigue interesando, buscar calidad de vida. Me interesa que el pueblo progrese, que no haya tanta corrupción. Por ejemplo, puse Internet en el campo y compré celulares, pero resulta que los peones no saben leer ni escribir. ¿Cómo puede ser que no haya una escuela rural ahí cerca de la producción ganadera que es el camino del Mercosur? Estoy asesorándome para poder arrancar con ese proyecto el año que viene.

-¿Por qué pensás que estas tan activa a tu edad?
Las ideas me nacen diariamente, cada día se me ocurren cosas para hacer. Todo el mundo me dice “pará, pará”, no me pueden seguir. Creo que se me ocurren cosas porque siempre estoy leyendo, capacitándome, voy a cursos, a charlas. Mi hija vive en Washington y cuando voy a visitarla trato de ir a conferencias para pymes. Siempre aprendés algo nuevo. Si están hablando de arte, te das cuenta de que eso también te puede servir.

-¿Qué consejos les darías a otros alumni para que se animen a emprender?
Hay que tratar de invertir y correr riesgos, porque si no corres riesgos no sirve ningún negocio que emprendas. De todos modos, recomiendo que primero hagan un análisis de mercado, que se capaciten y vean si el producto puede tener salida. También es importante tener en cuenta al factor humano, si hay gente capacitada o la pueden capacitar. En el campo siempre digo que el que más sabe de una cosa tiene que enseñarle al que menos sabe. Eso es lo más importante y así se van ayudando. Uno no puede estar en las distancias tan grandes en el día a día. El tema de emprender también es encontrar justo el momento y hacer algo que no te insuma mucho tiempo de trabajo administrativo y de control. Es importante saber delegar también. Eso me está costando muchísimo.

“El capital humano es lo que me da ganas de seguir luchando”

-¿Qué estudiaste?
Yo estudié administración de empresas en la UCA, pero tuve que dejar porque tuve cinco hijos. Además mi esposo estuvo mucho tiempo enfermo, en 1976. Estuvo ocho meses en coma y fue un desafío que saliera. Hubo que hacer de todo. También eso te ayuda a crecer.

-¿Cuándo empezaste a trabajar?
Desde joven trabajaba como administrativa en distintas empresas para pagarme los estudios de la universidad. Después, cuando tuve hijos, seguía trabajando pero tuve que dejar los estudios. En ese momento trabajé en administraciones agropecuarias propias y ajenas.

-¿Cómo conociste el IAE?
Yo iba a hacer un programa de dirección de empresas en la Austral y vi el programa DPME. Me presenté y me gustó el grupo, incluso soy presidenta del DPME 98. Éramos 49 y siempre nos juntamos unos 20 con las familias en una cena anual que organizamos. Por suerte siempre estamos en comunicación.

-¿Qué otros consejos les darías a los alumni?
Les diría que hay que tener fuerza y voluntad, pero que se puede. Es clave confiar que todo va a salir. Además hay que tener un paquete en cada negocio. Por ejemplo, si vas a hacer forestación, saber bien los costos, cuánto te insume, tener en claro el factor humano y las barreras económicas. Otro tema es decir siempre la verdad. Aunque estemos con una crisis tremenda, jamás le mentí a un peón o a un socio. Las cosas hay que decirlas como son. Lo que hay y lo que no hay. Lo que hay es muy fácil, pero también hay que decir lo negativo.

-¿En el futuro cómo te ves? ¿Vas a seguir tan activa?
Sí. Siempre digo que voy a seguir por cinco años más, pero parece que los años se multiplicaran.


El IAE, un impulso renovador

Ruth Giordani, emprendedora agropecuaria, sostiene que haber realizado el DPME en 1998 le dio un “impulso renovador”. “Yo lo sentí como un resorte. Me hizo ver que se podían hacer las cosas bien, con valores, y que se podía ganar dinero así. Me transmitió las ganas de emprender”, cuenta. A pesar de haber sido una de las mayores de su promoción, dice que no sintió barreras generacionales y que el DPME la motivó a seguir capacitándose. Luego de realizar el programa, formó un grupo de líderes junto con el profesor Alejandro Zamprile y es socia fundadora del grupo DIRAS. “Todo eso me dio el know how para decir: ´no puedo parar, tengo que seguir haciendo cosas y tengo que hacer trabajar a la gente y no quedarme´”, concluye.

 

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