El jefe como coach: Entrenar para desarrollar talento

Claves para lograr el mejor rendimiento individual y colectivo de los equipos de trabajo
Por Rubén Figueiredo
rfigueiredo@iae.edu.ar

“Flaubert me enseñó que el talento es una disciplina tenaz y una larga paciencia”
Mario Vargas Llosa. Discurso de aceptación del Nobel de Literatura.
Estocolmo, 10 de diciembre de 2010.

Phil Jackson ganó seis títulos o “anillos” de la NBA cuando fue entrenador de los Chicago Bulls (1989-1998) y otros cinco al frente a Los Angeles Lakers (2000-2010). Con ambos equipos conquistó más campeonatos que ningún otro entrenador en la historia profesional del básquet en los Estados Unidos. También posee la marca del mejor porcentaje de victorias en los playoff de la NBA de todos los tiempos.

Se lo reconoce no solamente como un gran formador de equipos y líder capaz de conducir personalidades conflictivas. También como un notable innovador en métodos de formación y entrenamiento, que busca convertir, en sus propias a palabras, “a la totalidad del equipo en una organización de aprendizaje”.

“Por muy talentosos que fueran, todos, empezando por Michael Jordan, tenían algo que aprender”, dice.

Cuenta Jackson que luego de que los Lakers volvieran de las vacaciones tras ganaran el primer campeonato de la NBA bajo su conducción, él y los jugadores se encontraron nuevamente para iniciar la siguiente temporada. El año posterior a un éxito de esta naturaleza siempre es difícil, ya sea por la previsible inflación de los egos como por la satisfacción por el logro reciente y la consecuente sensación de saciedad que puede minar o adormecer la motivación para el nuevo ciclo. A su regreso, Kobe Bryant, una de las estrellas del equipo y considerado uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, demostró que no había decaído en su empeño, esforzándose durante el verano, y aseguraba que había realizado más de dos mil lanzamientos diarios, dando otro salto positivo en rendimiento.

“La esencia del entrenamiento consiste en conseguir que los jugadores accedan de manera incondicional a ser preparados”, piensa Jackson. Que las personas acepten, como Bryant y tantos otros, que para mejorar en sus destrezas deben perseverar en su formación permanente.

En general, en los deportes se suele decir que “se juega como se entrena”. Y hay mucho de verdad en esa creencia. Los individuos y los equipos requieren tanto de entrenamientos personales y de conjunto para desarrollar las capacidades con que cuentan. Entrenar es lograr el “poder hacer”: permite convertir un saber conceptual en una conducta o mejora un desempeño hasta el nivel deseado.

¿Cómo lograr un entrenamiento eficaz, en cualquier especialidad? Tres ejes posibles:
1. Dedicación. Esto es, horas aplicadas a ello. Recordar el modelo o mito de “las 10.000 horas para convertirse en experto”: tres horas todos los días durante 10 años.
2. Foco. La tarea no se limita a simple acumulación de horas de ejercicio. Es crítico lograr la concentración que permite una atención constante, consciente y deliberada.
3. Maestro. No alcanza la mera repetición automática, que podría arrastrar errores y afianzarlos. El entrenamiento debe estar apoyado en un ajuste progresivo que acerque poco a poco a la meta. Y para corregir errores no basta con la propia autopercepción, sino que se requiere de apoyo externo. Un maestro o entrenador que provea de feedback.

¿Cómo podemos facilitar, en nosotros y los demás, la generación de motivación que alimente la voluntad hacia la constancia necesaria inherente a todo entrenamiento?

Dos claves:

1. Sin duda, estar conectado con algo que nos apasione, sintonizando lo que nos gusta con lo que hacemos. Encontrar placer en la ejercitación y cumplimiento de la tarea.
2. Encarar actividades de modo positivo y optimista, proponiendo una exigencia que, acercándose al límite de nuestras capacidades, no lo supere.

La meta será entrenar y desarrollar capacidades en niveles de alto desempeño. Redundará en una liberación de esfuerzo ¬-y del consiguiente estrés por sobre exigir la atención – y permitirá derivar energía y atención hacia otras nuevas demandas. Como un músico que al poseer dominio técnico de un instrumento automatiza la ejecución y puede, entonces, pasar al nivel superior en la interpretación e involucrarse emocionalmente en la transmisión (cosa que no podría lograr si debiera prestar suma atención a la técnica).

Se convierte así en un experto.

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