Cómo tomar decisiones efectivas en los negocios para no desaparecer en el intento 

El mayor desafió de los líderes en su gestión diaria es comprender que lo que hasta ayer fue exitoso hoy no lo es

Por Andrea Linardi

Escuchamos hablar constantemente de cambio e incertidumbre en los negocios y de a poco ya entendemos que es parte del escenario en el cual nos desarrollamos.

Mientras que en 1964 el promedio de antigüedad era de 33 años, en la actualidad es de 24 años y según Innosight en 2027 una empresa tendrá una perspectiva de sólo 12 años de existencia. La velocidad nos apremia y los negocios de hoy ya no serán los de mañana. Según la misma consultora, Innosight pronostica que la mitad de las firmas que hoy están en el panel de S&P 500 saldrán del listado en los próximos diez años.

El mayor desafió que enfrentan los líderes en su gestión diaria es comprender que lo que hasta ayer fue exitoso hoy no lo es. Esto aplica cuando pensamos en cómo motivar a los equipos de trabajo, cómo sinergizarse con el resto de las áreas de la organización o cómo comprender y analizar las demandas de los clientes reales y/o potenciales.  El tomar decisiones inteligentes para alcanzar los resultados de los negocios en los contextos inciertos es una habilidad indispensable para el éxito de la gestión.

Las neurociencias nos enseñan, tal como sostiene el neurógolo y neurocientífico argentino Facundo Manes – (los invito a profundizar esta temática con Facundo Manes detallando estos procesos), que la toma de decisiones está influenciada por (1) el contexto y la cultura dentro de la cual se ejerce, (2) la experiencia propia, y (3) la emoción que sentimos al momento de tomar la decisión.   Profundicemos cada uno:

  • Entender que la cultura y el medio en el cual nos desempeñamos influyen en la toma de decisiones es clave. Humberto Maturana, filósofo chileno contemporáneo, describe este fenómeno con otros términos nicho y órgano cambian influenciándose mutuamente. La conclusión es la misma: la persona y el contexto en el cual se desarrolla se van adaptando y mutando mutuamente.  Nuestras decisiones de negocio podrían ser distintas dependiendo de las culturas organizaciones en las cuales se definen.
  • La experiencia personal es una de las fuentes de mayor impacto en el aprendizaje propio. Lo que vivimos y sentimos queda grabado en nuestra mente y en nuestra corporalidad. Hay corrientes que destacan que recordamos más aquello que tuvo mayor impacto en nuestra vida. Quienes vivimos la crisis económica que atravesó la Argentina en 2001 tenemos la experiencia de lo que significa operar y liderar un equipo de trabajo en ese contexto. Aprendimos (ya sabemos) que podemos realizarlo y conocemos los detalles que debemos contemplar para hacerlo lo más exitosamente posible.  La experiencia propia es intransferible e irreemplazable.
  • El impacto de nuestras emociones en la toma de decisiones es determinante. Ante la misma situación, en un momento podemos tomar un camino y en otro estado emocional, otro.  Así de simple y así de real. Introspectivamente revisemos nuestras decisiones y cómo se vieron influenciadas por nuestra emoción, por nuestro sentir y por nuestro ánimo. Es clarificador escuchar a Facundo Manes contando la experiencia del hijo de George Soros, describiendo que le da gracia leer a los especialistas económicos analizando las decisiones de su padre por el impacto que tienen en la economía global, cuando según su análisis las decisiones de su padre dependen en gran medida si ese día había discutido con su madre o estaba con un fuerte dolor en su espalda. Analizamos las decisiones que tomamos buscando explicaciones racionales, cuando en realidad fueron en su gran medida impulsadas por nuestras emociones.

Otro aspecto con el cual solemos caratular la toma de decisiones es si son o no inteligentes. En las organizaciones nos pueden calificar y evaluar en varios aspectos, pero el de inteligente suele ser un identificador de talento al cual todos aspiramos.  ¿A qué llamamos decisiones inteligentes? Las decisiones siempre son subjetivas tal como reflexionamos anteriormente, mientras que la inteligencia es la capacidad de elegir entre alternativas. Intellegere viene del latín, Inter (entre) legere (leer, escoger).  Las decisiones inteligentes serán las mejores opciones para resolver una cuestión.

Por último, y un punto no menor en la vorágine del hacer diario, es la priorización.  El gran desafío de saber distinguir lo importante dentro de los incendios diarios que llegan a nuestro escritorio. Como líderes necesitamos ocupar nuestro tiempo en aquello que hará una diferencia en los negocios y tendrá un mayor impacto en el contexto.  Saber diferenciarlo es una habilidad de pocos y una ventaja diferenciadora de una gestión exitosa.

La incertidumbre y el cambio es lo único constante. Los líderes tienen un gran desafío al estar expuestos a tomar decisiones rápidas y eficientes sabiendo que los datos que están analizando están cambiando al mismo tiempo en que los están proyectando.  El contexto es incierto, sin embargo, la gestión tiene que optimizarse. ​Lo que ayer nos llevó al éxito, hoy debemos reformularlo.  Como nos enseña Alvin Toffler: «Los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que nos sepan leer o escribir, sino aquellos que no puedan aprender, desaprender y reaprender«. Hagámonos cargo.

 

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